La mano, al tocar el viento,
el peso del cuerpo olvida y al extremo de su vida
es su rastro último y lento.
No da al sabor instrumento su lengua ciega y
hendida,
y sólo otra duda anida su duda de movimiento.
Mas como una sed en llamas
que incierta al azar disputa toda la atmósfera en
vano,
imita al árbol sus ramas
en pos de una interna fruta la interrupción de la
mano.
Anatomía de la mano
Jorge Cuesta
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